El acné es una de las causas más frecuentes de consulta dermatológica en la adolescencia y la juventud. Estos grupos etarios, se ven afectados principalmente desde lo social, pues este problema de salud puede ser motivo de discriminación de sus pares, llegando incluso a promover la autoagresión de quienes lo sufren.
Lo anterior, se inicia con bromas, comentarios destructivos, apodos y marginación por parte de los compañeros o amigos. Es conocido, que durante esta edad, la imagen corporal es de suma importancia para que la persona mantenga su autoestima alta.
El acné afecta a casi el 85 por ciento de la población de entre 12 y 25 años. En distinto grado de severidad, es una enfermedad folicular (folículo del pelo) en la que las células de la piel que están muertas, se mezclan con el aceite y ocluyen el canal de salida (conductos). Las bacterias que crecen en los folículos se multiplican y se produce distensión e inflamación de la unidad pilosebácea.
También en el acné influyen los andrógenos (hormonas), que estimulan la producción de sebo que, a su vez, determina que prolifere un germen que forma parte de la flora normal de la piel.
Las lesiones características que se pueden ver en esta enfermedad son los comedones (puntos negros y blancos), y las lesiones inflamatorias que corresponden a pápulas, pústulas (espinillas) y nódulos o quistes según el tamaño y profundidad de la lesión, encontrándose principalmente en frente y alredor de la nariz, en la cara, y en el pecho y la espalda en el resto del cuerpo.
El tratamiento para el acné puede ir desde medidas generales y cambios de hábitos, a tratamientos que pueden ser tópicos (cremas), hasta tratamientos orales (antibióticos o retinoides), dependiendo de la cantidad y el tipo de lesiones que presente el paciente. También es necesaria la solicitud de exámenes, principalmente en mujeres, para descartar posibles trastornos hormonales que pudieren empeorar la enfermedad.
Se debe evitar algunas cosas que con frecuencia aumentan o empeoran el acné, como son el uso de maquillaje con base de aceite, manejar en lo posible el estrés, manejar los cambios hormonales, especialmente durante los ciclos, evitar apretarse o rascar las lesiones para no dejar marcas en la piel.
La dieta es una pregunta habitual en la consulta, pero aunque controversial, a la fecha no hay evidencia científica que fundamente la restricción de algún alimento.
Finalmente, es importante consultar a tiempo a un especialista, el que evaluará a cada paciente en particular e indicará el tratamiento apropiado para disminuir y evitar la formación de nuevas lesiones, manchas y cicatrices, que pueden en el tiempo ser mucho más complicadas de tratar.
