Dr. Carlos Manterola
Cirugía
El cáncer de la vesícula se caracteriza por ser un tumor de mal pronóstico que presenta una alta incidencia en nuestro país, siendo la principal causa de mortalidad por causa oncológica en la mujer
La presencia de colelitiasis (piedras en la vesícula biliar), constituye un factor de riesgo para el desarrollo de esta entidad; situación que hace más relevante el conocer de esta enfermedad, puesto que se estima que más del 50 por ciento de la población femenina de Chile es portadora de colelitiasis.
El diagnóstico del cáncer de vesícula biliar suele ser tardío, debido a que la aparición de síntomas y signos se relaciona fundamentalmente al efecto que provoca este tipo de tumor al infiltrar estructuras adyacentes, como hígado, vía biliar e intestinos, durante su evolución.
Es así como puede debutar como un cuadro de ictericia (coloración amarillenta de la piel), producto del efecto del tumor o de la invasión de ganglios linfáticos sobre la vía biliar. En muchos casos, la sintomatología del cáncer es debida a la propia de la enfermedad litiásica de la vesícula, siendo el diagnóstico un hallazgo durante el estudio de la pieza operatoria (biopsia).
El diagnóstico de lesiones tempranas de este tipo de cáncer es la clave para obtener supervivencias prolongadas; desafortunadamente los métodos de imágenes tradicionalmente empleados (radiografías, ecotomografías, scanner, entre otros), son sólo capaces de detectar lesiones que en su mayoría representan estados avanzados de la enfermedad, lo que suele relacionarse con la coexistencia de litiasis vesicular (piedras o cálculos) y alteraciones inflamatorias crónicas en la vesícula.
En diversos estudios, incluidos algunos realizados en Temuco, se ha estimado que la probabilidad de encontrar un cáncer de la vesícula biliar en las vesículas extirpadas por colelitiasis es de 3 a 4 por ciento, lo que significa que de cada cien pacientes que se operan por cálculos vesiculares, 3 a 4 pueden tener un tumor de la vesícula biliar.
Respecto del tratamiento, se ha observado que la única posibilidad terapéutica es la resección completa del tumor antes que se produzca la diseminación de la enfermedad, tanto a órganos vecinos como a distancia. No obstante ello, el tipo de cirugía depende en gran medida del nivel de invasión del tumor; entonces, en aquellos casos en que la invasión es poco profunda (mucosa de la vesícula y túnica muscular), la colecistectomía exclusiva (extirpación de la vesícula biliar) podría ser suficiente; y en aquellos casos de invasión profunda (subserosa y serosa de la vesícula), la necesidad de una cirugía más agresiva estaría indicada. Considerandos que se valoran caso a caso, debido a la multiplicidad de factores involucrados, que determinan que cada paciente es distinto de otro, aunque presenten la misma enfermedad.
En ocasiones, es además necesaria la aplicación de tratamientos adyuvantes o complementarios como quimioterapia en diferentes modalidades (según el centro asistencial, el tipo de pacientes y otros motivos).
Sin embargo, a pesar de la factibilidad de realizar tratamientos, el pronóstico del cáncer de la vesícula biliar es ominoso, estimándose que la supervivencia de estos pacientes a 5 años es inferior al 50 por ciento; cifra que se incrementa de forma notable si la invasión del tumor es más superficial.
Entonces, si sabemos que el cáncer de la vesícula biliar se asocia a la coexistencia de colelitiasis, es fundamental comprender que la extirpación de la vesícula en pacientes con cálculos vesiculares, aparte de ser curativo para esta enfermedad (la colelitiasis), es la mejor forma de prevenir el desarrollo de cáncer de vesícula, en especial en pacientes de género femenino y que tienen una historia de colelitiasis de varios años de evolución.
